domingo, 21 de octubre de 2012


“Mientras caminaba, Stillman no levantaba la vista. Mantenía los ojos siempre fijos en la acera, como si estuviera buscando algo. De hecho, de vez en cuando se agachaba, recogía algún objeto del suelo y lo examinaba atentamente, dándole vueltas y vueltas en la mano. A Quinn le hacía pensar en un arqueólogo inspeccionando un fragmento de una ruina prehistórica. En ocasiones, después de estudiar así un objeto, Stillman lo tiraba a la acera. Pero generalmente abría su bolsa y guardaba en ella el objeto cuidadosamente. Luego, metiendo la mano en uno de los bolsillos de su abrigo, sacaba un cuaderno rojo parecido al de Quinn pero más pequeñoy escribía en él con gran concentración durante un minuto o dos. Al terminar esta operación, volvía a meter el cuaderno en su bolsillo, recogía la bolsa y seguía su camino.”
AUSTER PAUL, Ciudad de Cristal, Traducción de Maribel De Juan, Ed  Anagrama, Barcelona  1997 Pág 76.


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